Otra norma sometida a la

ISO 26000 – Más de lo mismo

Otra norma en donde el mercado goza de supremacía y, por tanto, el tema fundamental del salario digno continúa en el olvido

Álvaro de Regil Castilla

Este breviario argumenta sucintamente sobre la tradicional perspectiva empresarial con que la Organización Internacional de Normas (ISO por sus siglas en inglés) ha adoptado para el desarrollo de su norma ISO 26000 para abordar las prácticas de responsabilidad social corporativa (RSC). Como esperábamos, el Borrador Final de la norma no es un marco obligatorio. Es una herramienta que las organizaciones pueden incorporar a su discreción como directrices para desarrollar sus mejores prácticas. De mucho mayor importancia, como se esperaba, la ISO 26000 falló en abordar el tema ineludible de la obligación de las organizaciones empresariales de pagar a todos sus trabajadores –incluyendo a aquellos en sus cadenas de abastos– un salario digno, para que sus mejores prácticas cumplan con el Artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Como siempre, el asunto continúa siendo un tema tabú, que no debe abordarse, pues va en contra de los intereses del mercado. Así mismo, lo que no se esperaba, era que la ISO 26000 fuese una excepción a la regla dentro de ISO. A diferencia de la mayoría de sus normas, la ISO 26000 no es una herramienta que pueda utilizarse para certificar las prácticas de una organización que afirme haber incorporado sus directrices. Tal particularidad beneficia aún más a las organizaciones empresariales, donde el mantra es supeditar todos los temas a la lógica del mercado, el cual tiene como único fin la maximización del valor del accionista.

Uno de los temas de más consistencia en todas las directrices, normas, estándares y principios actualmente disponibles “en el mercado” es la excesiva ambigüedad de muchos de sus conceptos. Un motivo fundamental para ello es el entorno de ambigüedad en el que los convenios internacionales –incluyendo a los que obligan al Estado– se han desarrollado. Por ejemplo, trabajo decente, nivel de vida decente y condiciones labores decentes no proveen una definición conceptual de “decente” o al menos un proceso para determinar que debe ser considerado “decente” para calificar de manera precisa y objetiva a estos conceptos. Todo se deja a la interpretación de los gobiernos y las empresas, a su discreción, en un entorno completamente inmerso en el contexto de mercado. En consecuencia, dado que la ISO 26000 se apoya en muchos convenios internacionales –particularmente en aquellos relacionados con los derechos humanos y laborales– se permite a su vez un considerable grado de ambigüedad, cuando aborda estos temas fundamentales. Además, excluye al tema crítico de los salarios dignos de su marco. Sucede así a pesar del hecho de que un salario digno es una responsabilidad fundamental que ninguna empresa que pretenda ser percibida como socialmente responsable y con un modelo de negocios sostenible puede evadir. Tal enfoque no provee mucho valor agregado a lo que ya está disponible. Así las cosas, con respecto a la ISO 26000, el mercado goza de supremacía, nuevamente.

 

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