¿Dialogar con Ruggie?

Cambiar para que todo siga igual...

Una valoración de los Informes 2009 y 2010 de John Ruggie

Alejandro Teitelbaum

Alejandro Teitelbaum ha dedicado muchos años a trabajar sobre el tema de derechos humanos (DDHH) en la esfera de influencia de las corporaciones globales y otras empresas. Como otrora Representante Permanente a la Oficina de Ginebra de la ONU, de la Asociación Americana de Juristas –con sede en Buenos Aires, invirtió tiempo bregando con las burocracias de la ONU y de los Estados miembros, en pos de un marco legal internacional que sometiera a la actividad empresarial para que dejara de violar una amplia gama de derechos humanos en su esfera de influencia, como es el caso consuetudinario hoy en día. Como tal, participó en el proceso seguido por la ahora extinta Subcomisión sobre la Promoción y Protección de los DDHH del Consejo Económico y Social de la ONU, para valorar el impacto sobre los derechos humanos de la actividad empresarial y para preparar un código legalmente vinculante sobre esta cuestión. Presenció, una y otra vez, cómo las burocracias sucumbieron a la voluntad de las principales potencias económicas, quienes inflexiblemente insistieron en mantener la preeminencia del interés empresarial sobre su responsabilidad por su violación de los derechos humanos.

En años recientes, Teitelbaum ha evaluado el trabajo claramente sesgado de John Ruggie, el llamado Representante Especial del Secretario General de la ONU para Empresas y DDHH, nombrado, discutiblemente, para diseñar un marco que “incrementara los costos” para las corporaciones por violar los DDHH en su operación diaria. Teitelbaum ha criticado, consistentemente, la clara inclinación de Ruggie por la ideología neoliberal al servicio del poder económico transnacional, que claramente se opone a cualquier instrumento que gobernase, de manera vinculante, las prácticas empresariales en relación con los DDHH. En este breviario, hemos combinado las valoraciones de Teitelbaum a los reportes 2009 y 2010 de Ruggie. Su narración recuenta cómo comenzó todo en la ONU, en los setenta –cuando la creciente inquietud por la violación de las empresas a los derechos humanos propició un llamado a regular sus prácticas. Esto nos obsequia un valioso antecedente que expone cómo los gobiernos y las instituciones multilaterales se han coaligado con las corporaciones para bloquear, hasta ahora, cualquier intento de la sociedad civil para someter las prácticas empresariales a un marco legalmente vinculante.

Como cabe esperar, la sucinta recomendación de Teitelbaum, al final de su valoración del Informe 2010 de Ruggie, es que el Consejo de DDHH de la ONU debería girar 180 grados sobre el tema “a fin de ponerse a tono con la gravedad de la situación económico-social que se está viviendo a escala mundial”. Jus Semper se complace en dar la bienvenida a un trabajo intelectual, a partir de experiencias de primera mano, que mucho contribuye a exponer el contubernio entre gobiernos, instituciones multilaterales y los dueños del mercado para mantener el mismo entorno “laissez faire” que ha colocado al mundo en una situación por demás peligrosa.

 

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