La Catástrofe de Bangladesh – Botón de muestra del capitalismo mundializado


Alejandro Teitelbaum

Alejandro Teitelbaum ha dedicado muchos años a trabajar sobre el tema de derechos humanos (DDHH) en la esfera de las corporaciones globales y otras empresas. Como otrora Representante Permanente a la Oficina de Ginebra de la ONU, de la Asociación Americana de Juristas –con sede en Buenos Aires, invirtió tiempo bregando con las burocracias de la ONU y de los Estados miembros, en pos de un marco legal internacional que sometiera a la actividad empresarial para que dejara de violar una amplia gama de derechos humanos en su esfera de influencia, como es el caso consuetudinario hoy en día. Como tal, presenció, una y otra vez, cómo las burocracias sucumbieron a la voluntad de las principales potencias económicas, quienes inflexiblemente insistieron en mantener la preeminencia del interés empresarial sobre su responsabilidad por su violación de los derechos humanos.

En este breviario Teitelbaum analiza la catástrofe laboral sucedida en Bangladesh en un edificio donde laboraban más de 3000 personas y donde perecieron casi una tercera parte. El autor deja claro que esto no es un percance aislado sino el más reciente “accidente” de un sistema extremadamente perverso que conscientemente opera sabiendo de la alta probabilidad de que se repita. El autor desnuda la enorme hipocresía de las transnacionales que suelen reaccionar sólo después de que estos percances, producto de descaradas y deliberadas irresponsabilidades empresariales, son exhibidos en la prensa internacional, con el único objetivo de lavar su imagen. Su valoración expone cómo todo el sistema está corrompido y sometido por el poder y la codicia de las transnacionales. Como la única razón por la que las transnacionales transfieren su producción del ramo de la confección a Bangladesh es la maximización de sus márgenes de ganancia con el fin de a su vez maximizar el valor del accionista, todo el circuito de producción somete a los talleres subcontrata- dos a aceptar los más bajos precios, lo cuál obliga a estos a pagar salarios de moderno trabajo esclavo y a su vez les impide cumplir con las normas más rudimentarias de seguridad industrial.

Posteriormente vienen los accidentes y las empresas firman convenios que evitan abordar el problema de fondo Convenios que si bien mitigan un poco el contexto de abierta súper explotación, deliberadamente no toman responsabilidad por ser los autores intelectuales y los beneficiarios materiales de dicho contexto. A lo sumo llegan a dar indemnizaciones irrisorias para los deudos, que equivalen a poco más del monto de la línea de pobreza internacional actual. Dicho sea de paso que la gran mayoría de trabajadores bangladeses del sector textil perciben no sólo la mitad o menos de lo que se considera el salario mínimo necesario para mantener la reproducción de la fuerza de trabajo en ese país, sino que se les paga salarios diarios inferiores a la línea de pobreza internacional. Desde el contexto del concepto LISDINYS, de igual paga por igual trabajo, un salario digno, de acuerdo al costo de vida bangladés, se encuentra a una distancia abismal de la realidad. No obstante, el pagar un salario digno en el plazo de treinta años de nuestro concepto es realista si el Estado bangladés se comprometiera con dicho cometido. Lo que brilla por su ausencia, como en gran parte del mundo, es la voluntad política de hacerlo.


 

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